domingo, febrero 28, 2010

Carlos Montemayor (in memoriam)

Porque esa muerte que nos asecha a todos,
que nos separa del terreno humano de los vivos.

Esa muerte que atormenta los cielos,
se vuelve a veces ominosa y pendenciera;

como cuando arrogante
no soporta que alguien
pueda escribir estos versos...

________

Memoria (de Carlos Montemayor)

Estoy aquí, en la casa, a solas.
Aquí están los muebles, el aire, los ruidos.
Tengo un sentimiento tan transparente
como el vidrio de una ventana.
Es como la ventana en que miraba la nieve al amanecer,
hace muchos años, cuando era niño,
y pegaba la cara contra el cristal y comprendía toda la vida.
Es un deseo en calma, como la tarde.
Es estar como están todas las cosas.
Tener mi sitio como todo lo que está en la casa.
Perdurar el tiempo que sea, como las cosas.
No ser más ni mejor que ellas.
Sólo ser, en medio de mi vida,
parte del silencio de todas las cosas.
_________

Siempre… (de Carlos Montemayor)

Siempre me pareció muy oscuro, desde niño,
que alguien dijese lo que no entendía,
o que alguien tratara de decir algo hermoso.
Cuando hablamos con nosotros mismos
las palabras no quieren ser oscuras,
Para todas las cosas hay palabras claras.
Aun para lo oscuro hay palabras luminosas.
Aun para nosotros, que somos oscuros.

http://www.justa.com.mx/wp-content/uploads/2009/11/carlos-montemayor.jpg


viernes, febrero 26, 2010

Confesión

la poesía
ha muerto...

con todos
los rastros
de tu cuerpo

'A pesar de todo', circular by Javier Armas.
Malgré Tout, de Jesús Contreras

Foto de Javier Armas, tomada de su flickr

martes, febrero 23, 2010

¡NO ME ARREMEDES!

https://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=b9dac17eb1&view=att&th=126fdcb075a3ca45&attid=0.1&disp=inline&zw


LECTURA DE POESÍA A VOCES PRESTADAS

¡NO ME ARREMEDES!
ZARÍA PUENTE
GABRIELA ABREU
JUEVES 25 DE FEBRER0 8:00 PM
8 NTE. 402 (ALTOS)
DUERMEVELA
$40.00 (CHELA INCLUIDA)
CHELA $15.00 VAROS

jueves, febrero 18, 2010

Destierro

Murió en el destierro; le tocaron, como a todos
los hombres, malos tiempos en que vivir.
J.L. Borges


he sido desterrado
del silencio
del viento
del ocaso
del tiempo...

y todo
lo que atestigüe
que existió
mi cuerpo


La Domadora, de Julio Ruelas

viernes, febrero 12, 2010

Notas de Cortázar

En el momento en que estoy solo,
estoy completamente solo...
solo...

A una pregunta que le hizo la revista Life sobre el futuro de la novela [esta respuesta la deberían leer todos los editores]:

"Cuando Life me pregunta qué pienso del futuro de la novela, contesto que me importa tres pitos; lo único importante es el futuro del hombre, con novelas o televisores o todavía inconcebibles tiras cómicas o perfumes significantes o significativos, sin contar que a lo mejor uno de estos días llegan los marciano s con sus múltiples patitas y nos enseñan formas de expresión frente a las cuales El Quijote parecerá un pterodáctilo resfriado. Por mi parte me reservo la úlcera de estómago para cuando camino por los suburbios de Calcuta, cuando leo un discurso de Adolf von Thaden o de Castelo Branco, cuando descubro, con Sartre, que un niño muerto en Vietnam cuenta más que La Náusea. El futuro de mis libros o de los libros ajenos me tiene perfectamente sin cuidado; tanto ansioso atesoramiento me hace pensar en esos locos que guardan sus recortes de uñas o de pelo; en el terreno de la literatura también hay que acabar con el sentimiento de la propiedad privada, porque para lo único que sirve la literatura es para ser un bien común como lo intuyó Lautrémont de la poesía, y eso no lo decide ni lo regentea ningún hautor desde su torrecita criselefantina. Un escritor de verdad es aquel que tiene el arco a fondo mientras escribe y después lo cuelga de un clavo y se va a tomar vino con los amigos. La flecha ya anda por el aire, y se clavará o no se clavará en el blanco; sólo los imbéciles pueden pretender modificar su trayectoria o correr tras ella para darle empujoncitos suplementarios con vistas a la eternidad y a las ediciones internacionales".


Otra nota de Cortázar:

"Una revolución que no salve la alegría por debajo o por encima de todos sus valores esenciales, está destinada al fracaso, a la lenta parodia de lo que no llegó a ser; y que no se confunda la frivolidad, que no va más allá de las superficies, esa conciliación y esa armonía del hombre libre con su ámbito, su sociedad, su mundo".

miércoles, febrero 10, 2010

Cortázar el peatón

http://buenosaires.gov.ar/blog/intec_media/files/2009/07/cortazar_hole1.jpg
Siempre he tenido una cierta aversión a los vehículos automotor; sin embargo, nunca hasta ahora, me había topado con un escrito que tan lúcidamente explicara esa antipatía. Ese pequeño escrito (de Cortázar por cierto), aparece en la variopinta compilación intitulada "Papeles Inesperados".

No voy a hacer una crítica literaria correspondiente, sino hablar un poco de las razones que tuvo Cortázar -así como yo-, para desdeñar el objeto-automóvil (aunque no así otros tipo de transporte colectivo).

Para empezar, la muy elocuente mano de Cortázar, escribe desde el punto de vista del Peatón, ese individuo que no tiene derecho de circulación más allá de lo que marcan las numerosas líneas amarillas que lo contienen. (Y ni hablar de las bicicletas, que no tienen el más mínimo derecho -al menos en mi ciudad no-). Así que Cortázar comienza su escrito diciendo:
A esta altura de mi vida en una gran ciudad, lo mejor que le encuentro a un automóvil es que no sea mío. Desgraciadamente ellos no parecen compartir este rechazo, y me basta salir a la calle para ingresar en un sistema y un código en los que sólo la vigilancia más atenta puede evitar el rápido paso de la integridad a la papilla.
La primera frase es contundente. Creo que si lo volviera a escribir, Cortázar omitiría "a esta altura de mi vida", o lo remplazaría por "a esta altura de la vida", ya que hoy por hoy millones de automóviles hacen uso indiscriminado del espacio público, para allanarlo y convertirlo en espacio privado de los que tienen acceso inmediato a un automóvil.

Quizá lo más interesante es que Cortázar nos invita a reflexionar ¿para qué (realmente) sirve un automóvil?, y me refiero aquí a esos entes que se mueven solitarios por la autopista y las calles de la ciudad. Evidentemente existen muchas respuestas para ese cuestionamiento, y eso sin inmiscuir a la industria de los hidrocarburos o a las mismas armadoras de autos; es más, omitiendo totalmente el tema de la contaminación o el calentamiento global, que en 1969 (cuando fue escrito el pequeño texto), estaban fuera de todo contexto.

El mito-automóvil existe porque es uno de los valores de la sociedad capitalista más arraigados; los individuos trabajan para obtener uno de estos bienes preciados, para mantenerlo y después para poder remplazarlo. Tienen nombres mitológicos que nos recuerdan un pasado remoto y aventurero. Algunos remiten a nombres de nubes (Cirrus, Stratus), otros hacen uso de barbarismos ("Focus", fuego), una marca entera nos hace hincapié en un pasado socialista (Volkswagen), y otros simplemente tienen nombres fonéticamente atractivos.

La cuestión quizá no sólo radica en la practicidad y la comodidad; también está el asunto del control, del status, de la soberanía que se adquiere al estar detrás del volante. La persona-automóvil adquiere una confianza inusitada cuando tiene el control en sus manos, cuando puede trasladarse a donde le plazca, cuando acciona la bocina en el momento en que no le conceden el paso.

El automóvil nos vuelve anónimos, nos da la capacidad de acceder a un mundo acético y aislado, ajeno a los conflictos del mundo exterior. Ese espacio nos protege de las agresiones de la intemperie, del frío, de la lluvia, de la posibilidad de resultar afectados por las inclemencias del tiempo.

Volver a ser peatones-individuos-personas ya no es una opción. Si queremos reemplazar a la persona-mito-objeto-automóvil, habría que plantearnos primero la posibilidad de cambiar toda nuestra relación con el entorno y con el resto de los individuos.

El día en que las calles sean La autopista del sur y los automóviles, incapaces de moverse, se conviertan en habitaciones; y las personas, incapaces de ignorar al otro, vuelvan a interactuar con el resto de las personas, quizá ese día haya la posibilidad de modificar el panorama actual que gira entorno al automóvil.

Por ahora, ¿cómo reconciliarse con los autos? Dejemos que Cortázar nos dé la respuesta:
¿Me reconciliaré alguna vez con los autos? Tal vez, pero para ellos tendrían que ser muy diferentes de lo que son, y cuando hablo de autos hablo sobre todo de sus dueños y conductores. Los aceptaría si la ciudad estuviera llena de formas insólitas y coloreadas, de pinturas y dibujos en movimiento, de burbujas o de paralelepípedos que prismaran las luces al moverse, de una individualidad que cada vez falta más en nuestra civilización; los aceptaría si sus conductores, tantas veces solos en el volante mientras la gente sale de sus trabajos y busca ansiosamente un autobús ya lleno o ausente, invitaran a aquellos que coincidieran con su itinerario, los acercaran a sus casas y charlaran un poco con ellos. Ya sé que es mucho pedir, y que casi siempre el que se compra un autor no lo hace para acercarse sino para separarse, para reinar como un pequeño déspota dentro de su triste escarabajo reluciente. De manera que hasta nueva orden sigo andando a pie o tomando el metro; siento la brisa en la cara y el suelo bajo mis zapatos, me rozo con la gente y cuando puedo hablo con ella. Retrógrado, sin duda, pero mucho más feliz.

http://3.bp.blogspot.com/__JG8NRYrtvI/RrpVZwULe5I/AAAAAAAAAPg/rdgh-d39h28/s400/peaton.gif 
[Las citas fueron tomadas del texto Monólogo del peatón, de Julio Cortázar, compilado en Papeles Inesperados (2009)]