lunes, enero 26, 2009

a Günter

Tal cual un padre con su hijo

Un viejo
tambor roto
en silencio

es el recuerdo
—el rojo recuerdo—
de un pasado
que redobla
en las paredes

el fantasma
que redobla
una cadencia
sinuosa y pueril

al ritmo de ventanas
destruidas
por el grito
vitricida
_______

Textos y acuarelas de Günter Grass*


BREVE SERMÓN DOMINICAL
Dios —según Nietzsche— está muerto,
    pero, como arma de múltiples usos,
         sigue siendo operativo
              y, al no estar protegido por patentes,
es comercializado en todo el mundo.


¡AY MISERABLE!
Hasta tu mierda
      cae caprichosa,
           huele egocéntrica
                y no admite comparaciones.

*Grass, G. (1997). Hallazgos para no lectores.

7 comentarios:

marichuy dijo...

"¡AY MISERABLE!
Hasta tu mierda
cae caprichosa,
huele egocéntrica
y no admite comparaciones."

*Grass, G. (1997). Hallazgos para no lectores.

Genial mi estimado Luis, solo un alemán sería capaz de escribir algo así.

Saludos

Fany dijo...

Du bist ohne Vergleich.jajaja


Por cierto me encantó...

Besos, Fany

Luis Alvaz dijo...

Marichuy...

Un alemán, claro, pero ¿qué alemán?... un titán de la literatura, y aunque no sea un titán de la pintura, a mí me gustan bastante sus trabajos para este curioso libro.

Saludos

Luis Alvaz dijo...

Fany (Alina)...

Gracias, muchas gracias. Este post es especial porque sé que te gusta Günter Grass, sé que tienes una relación más que especial con Alemania y sé que Oscar Matzerath te arrancará muchas sonrisas mientras lees El tambor de hojalata.

Saludos y un beso.

Cuentos Bajo Pedido ¿y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Muchas gracias por el comentario a mi poema de algo se quedó en ti y en mi. Y gracias por esta lectura

José Agustín Solórzano dijo...

Me hiciste recordar al buen Oscar, y yo que creí que ya podía vivir sin recordarlo, simplemente no se puede y más cuando todavía se escuchan sus gritos vitricidas en el interior de la iglesía donde una estatua del niño Jesús carga un tambor de hojalata con triangulos rojos.

saludos!

José Agustín Solórzano dijo...

Me hiciste recordar al buen Oscar, y yo que creí que ya podía vivir sin recordarlo, simplemente no se puede y más cuando todavía se escuchan sus gritos vitricidas en el interior de la iglesía donde una estatua del niño Jesús carga un tambor de hojalata con triangulos rojos.

saludos!