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jueves, diciembre 17, 2009

[Para el tiempo consumido]

Permanecí despierto
por horas

las gotas
surcaban mi rostro

el cielo
caía a cantaros

la puerta
rechinaba un salmo
disonante

un haikú
brotaba con
cada segundo
del reloj

[...]

en aquel instante
tenebroso,
las ideas se
volcaron
como consumidas
por el silencio
nocturno de los grillos

un tango
bailoteó con
el recuerdo
consumido
en mi memoria

... y así

volando

el semblante
de aquel rostro
me mostró
que las sombras
dialogan
con nosotros

mientras
los gatos
se acurrucan
en tu cuerpo


Contrabajísimo, de Astor Piazzolla, interpretado por el Quinteto Pantaleón

lunes, agosto 03, 2009

Failure

Si he de fracasar, que sea con todo éxito... 

[parafraseando a César Olguín]

César Olguín interpreta a Piazzolla

martes, junio 02, 2009

El lorca del feca (poema en lunfardo)

Julián Plaza - Nocturna (interpretado por Tango Lorca)

Probablemente
así sepa
            la temuer

           ga-mar-ga
                  mar
            ga-mar
                     ga

como el gotán
                 y la tarragui

cantando cielitos
y lunfardos
y muertes
y gadas

esas gadas sangrantes

y la gresan espesa
se apresura
a salir de mi vida

por eso no soporto
el feca caliente

ni el lorca
            de un amor
                          cargado

 
Foto de Celeste (Tangómana)

sábado, febrero 21, 2009

Oblivion

En ocasiones olvido
           que oblivion

recuerdo [que todo
      es un recuerdo
                     vago]

anhelo que todo
           sea olvido
             y oblivion

que el tango
            me corte
                   la sangre

que el sopor
         se ahogue
                   en mis venas

en ocasiones lo olvido
           y oblivion
                     recuerda

[que todo es un
        recuerdo vago]

una funesta melodía
que se repite y repite

se acuerda que nosotros
también lo olvidamos

ya hace tantos años
la memoria se enamoraba
          del tiempo

se enredaba lentamente
en su creciente
letargo

y así como en
ocasiones olvida

otras veces recuerdo
que el tiempo
ha pasado

o nosotros lo
hemos recorrido

con los pies desnudos
y los semblantes postrados

por eso a veces recuerdo
que el olvido
         es el silencio

es una tregua
           un descanso
un cajón
       que almacena
                  sombras
y miedo
          a recordar
                 que ahí estamos

despiertos
esperando al olvido
que viene
.
tan pronto
.
tan cerca
.


Oblivion, de Astor Piazzolla, por el Cuarteto de Cellos Rastrelli

viernes, febrero 13, 2009

Cartas de Mamá (adaptación radiofónica)



El primer libro que leí de Julio Cortázar fue Las Armas Secretas. Del primer cuento de este libro, varios compañeros y yo (hace poco más de 2 años), produjimos una adaptación radiofónica. El cuento se titula Cartas de Mamá; una historia donde se entrelazan magistralmente los elementos realistas y ficticios.

Esta adaptación radiofónica no contiene narrador, por lo que la atención a los detalles resulta apremiante. Quizá la música (que es toda de Piazzolla) funja como un elemento narrativo primordial, ya que se eligieron las piezas de acuerdo a las particularidades de cada atmósfera.

Debo a Cortázar gran parte de mi formación. Este día (¿o fue ayer?) se conmemoran 25 años de su muerte.

[click para escuchar la adaptación]

Borges habla de Cortázar*

Prólogo a "Cartas de mamá"

Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula "Casa Tomada". Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra.

Muy poco sé de las letras contemporáneas. Creo que podemos conocer el pasado, siquiera de un modo simbólico, y que podemos imaginar el futuro, según el temor o la fe; en el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos y cursará las páginas que merecen ser releídas. Schopenhauer aconsejaba que, para no exponernos al azar; sólo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años. No siempre he sido fiel a ese cauteloso dictamen; he leído con singular agrado Las armas secretas de Julio Cortázar y sus cuentos, como aquel que publiqué en la década del cuarenta, me han parecido magníficos. "Cartas de mamá", el primero del volumen, me ha impresionado hondamente.

Una historia fantástica, según Wells, debe admitir un solo hecho fantástico para que la imaginación del lector la acepte fácilmente. Esta prudencia corresponde al escéptico siglo diecinueve, no al tiempo que soñó las cosmogonías o el Libro de las Mil y Una Noches. En "Cartas de Mamá" lo trivial, lo necesariamente trivial, está en el título, en el proceder de los personajes y en la mención continua de marcas de cigarrillos o de estaciones del subterráneo. El prodigio requiere esos pormenores.

Otro rasgo quiero indicar. Lo sobrenatural, en este admirable relato, no se declara, se insinúa, lo cual le da más fuerza, como en el "Izur" de Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente.

Julio Cortázar ha sido condenado, o aprobado, por sus opiniones políticas. Fuera de la ética, entiendo que las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras.

Buenos Aires, 1984

* Nicolás Cócaro (1993). El joven Cortázar, Buenos Aires, Ediciones del Saber

viernes, enero 02, 2009

Cronopio piantao

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!
Horacio Ferrer

Ya sé que soy
un cronopio piantao /
o una estela del tiempo
vacía de nada
o llena de lumbreras silenciosas

ya sé que lo piantao
o lo cronopio
no me lo he ganado
pero lo someto
prontamente a votación

las moscas y las hélices
que vacilantes estremecen
mi cabeza y oídos
llenan mi vacío
con sonidos

                  los llenan o quizá
me vacían a mí
mientras el recuerdo
aterriza en el inmaterial
cuerpo que claudica

ya sé que las nubes
sueñan con volar una vez
que han perdido
la ingravidez

                   o que los cronopios
cantan y tararean
esa melodía llena
de silencios, tramando
volverla una infatigable
repetición de cadencias

ya sé que no soy cronopio
y mucho menos cronopio piantao

pero al menos lo seré hoy
y saldré a la calle
con un letrero
que diga:

"la cavidad nasal
emite sonidos mucho más
livianos que la boca"


Tumba del gran cronopio (foto tomada de Noctéglicos)

Si no me creen, lean al maestro:

«Para entender a un loco conviene ser psiquiatra, aunque nunca alcanza; para entender a un piantado basta con el sentido del humor. Todo piantado es cronopio, es decir que el humor remplaza gran parte de esas facultades mentales que hacen el orgullo de un prof o de un doc, cuya salida en caso de que les fallen es la locura, mientras que ser piantado no es ninguna salida sino una llegada». Cortázar, J. (1967). Del gesto que consiste en ponerse el dedo índice en la sien y moverlo como quien atornilla y desatornilla. La vuelta al día en ochenta mundos Vol. 2.

La Gauchada interpreta Balada para un Loco

Y si creen que lo han escuchado todo, entren a este link, y escuchen Balada para un loco con los versos en japonés (sólo los versos).

lunes, septiembre 08, 2008

Borges le dice al tango

Buenos Aires no te olvida,
tango que fuiste y serás
J. L. Borges, en
«Alguien le dice al tango»

el tango
que transcurre
como ciego
e ingrato
vendaval porteño

tan natural
como la sombra
que se posa
entre nosotros

y la nube
          o cumbre
que trastoca
          al sol
y a nuestra
vista nublada
          de tormentos

alguien
[que no soy yo]
seduce con
mi boca
envilecida

alguien
[cuyo nombre
       es ajeno]
se antoja
digno de
debatir
con el
bandoneón
y su templo
sitiado

alguien
me canta un
sortilegio

que como
el tango
no alcanza
a remendar
mi sufrimiento

alguien
se dice viento

y como
el soplo
del organillo
que muerde
al silencio
entre su
estira y encoge

la postura
general se disipa
cuando
el murmullo
de un violín
se traga
mis palabras...

"Alguien le dice al tango", de Borges y Piazzolla,
por Claudia Pastorino

domingo, marzo 02, 2008

Sobre tango y los demonios de la daga (desaires de Buenos Aires)

[...] El tango crea un turbio
pasado irreal que de algú modo es cierto,
el recuerdo imposible de haber muerto
peleando, en una equina del suburbio.
J. L. Borges, El Tango

[Leer mientras se escucha Buenos Aires Hora Cero]

Una vez que la mortaja reina, la sensación de vida se apodera de las entrañas que preceden al terrenal destino insoslayable. ¿Un olor amoníaco?, no, es el laboratorio de fotografía (de la alquimia a la memoria), las imágenes del recuerdo añejo, y no son los años, porque en esas alturas, ¿esperamos que el tiempo siga su curso?

Tiempo y sentencia son dos acertijos vanos, llenos de congoja y salitre purificado. Le digo al cielo: baja de esas alturas inalcanzables, ¿a qué le temes?, ¿a encararnos?, ¿a sentenciarnos?... ¿por eso nos lanzas lloviznas?, ¿chubascos?, ¿ventiscas?, ¿tormentas?, ¿maná para el hambriento?, ¿rayos y fuego al pecado? Nos cae levadura mágica, y entra hasta el más profundo de nuestros deseos, lo perfora y se convierte en un lucero inaceptable... inalcanzable («como el cielo», grita un coro de mil doscientas treinta y siete voces). —Hacia allá voy— profunda voz en mi garganta. —No, no al cielo—, qué ingenuidad. —Voy hacia el verdadero «porqué», y el verdadero «jamás». Terribles lisonjas y herejías palpan mis manos, si tan sólo una luciérnaga alumbrara esta hoja en blanco, el sortilegio sería prisión, pasión y pena pasajera.

Borges de pulcro lunfardo y arrabal portentoso nos señala las cloacas ya roídas, ya lejanas. Para nuestra fortuna los malevajes y dagas de Palermo están a cien leguas de un sueño dirigido hacia el abismo del recuerdo. Piazzolla con su dedo-bandoneón refleja, cual espejo milagroso, al tango que miles y miles llamaron «prodigio porteño». De vanidad nos contagiamos, pero el tango y sus diez mil facas continúan sin anhelos el destierro ya impuesto, no ese prodigioso usurero de punta del este, sino el pródigo resuello de angustias vecinas, terribles embates, calumnias y duelos de arrabal.

Te espero, a fin de cuentas no hay razón para el odio, sólo para clavarte un cuchillo en la garganta. Sobre el cuero lo mantengo afilado, en tu carne lo mantengo fresco, sin la sed de tus entrañas.

domingo, agosto 12, 2007

Elegía del Sonido

Naturalmente los oídos lo escuchan todo, ya lo dijo muy claramente Quignard: «…ocurre que las orejas no tienen párpados». ¿Pero qué sucede con aquellos que lo oímos todo y no escuchamos nada?, o viceversa. Para los ciegos hay remedios, se les divisó lo verdaderamente cierto; pero para los enfermos de escucha, para los proxenetas de lo audible y lo entendible existen serios conflictos cognitivos.
Vemos como un loco al que habla solo por la calle y, sin embargo, ellos son los más cuerdos. Nosotros, los que tenemos un “interlocutor” (intérprete), tan sólo entonamos, gimoteamos, balbuceamos, predicamos, lanzamos, escupimos […] palabras al viento que susurra y no responde; y junto (a nuestro costado), un hombre, mujer, niño, abuelo, mascota, desentendido/a, se abstrae de lo que musitamos para socorrer al silencio en su “preferible” soledad.
Vamos hablando solos por el mundo. Le hablamos al desentendido oído de un extraño, para que al darle la vuelta seamos el olvido que fornica con las sombras.
Amén del predicador, que bochorna a 70 almas en un recinto semilleno, o semivacío, de oídos que sacian sus vidas de salmos, plegarias y cantos, para calmar sus lascivas entrañas.
Proxenetas del sonido [o del ruido] que venden enlatado y en rodajas. Lo venden —lo compramos— enlatado, y ¿para qué?; para no-oírlo tantas veces en el tocadiscos, en el “reproductor”, que reproduce (¿reproduce?) otra vez los mismos ruidos secos en el viento; ánimas que pernoctan en el cielo hasta desvanecerse en el tiempo.
Es por eso que enmudezco tanto tiempo; y tanto tiempo me la paso escribiendo silencios muertos.



Gidon Kremer dirige "Fuga y Misterio"

viernes, mayo 11, 2007