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miércoles, febrero 10, 2010

Cortázar el peatón

http://buenosaires.gov.ar/blog/intec_media/files/2009/07/cortazar_hole1.jpg
Siempre he tenido una cierta aversión a los vehículos automotor; sin embargo, nunca hasta ahora, me había topado con un escrito que tan lúcidamente explicara esa antipatía. Ese pequeño escrito (de Cortázar por cierto), aparece en la variopinta compilación intitulada "Papeles Inesperados".

No voy a hacer una crítica literaria correspondiente, sino hablar un poco de las razones que tuvo Cortázar -así como yo-, para desdeñar el objeto-automóvil (aunque no así otros tipo de transporte colectivo).

Para empezar, la muy elocuente mano de Cortázar, escribe desde el punto de vista del Peatón, ese individuo que no tiene derecho de circulación más allá de lo que marcan las numerosas líneas amarillas que lo contienen. (Y ni hablar de las bicicletas, que no tienen el más mínimo derecho -al menos en mi ciudad no-). Así que Cortázar comienza su escrito diciendo:
A esta altura de mi vida en una gran ciudad, lo mejor que le encuentro a un automóvil es que no sea mío. Desgraciadamente ellos no parecen compartir este rechazo, y me basta salir a la calle para ingresar en un sistema y un código en los que sólo la vigilancia más atenta puede evitar el rápido paso de la integridad a la papilla.
La primera frase es contundente. Creo que si lo volviera a escribir, Cortázar omitiría "a esta altura de mi vida", o lo remplazaría por "a esta altura de la vida", ya que hoy por hoy millones de automóviles hacen uso indiscriminado del espacio público, para allanarlo y convertirlo en espacio privado de los que tienen acceso inmediato a un automóvil.

Quizá lo más interesante es que Cortázar nos invita a reflexionar ¿para qué (realmente) sirve un automóvil?, y me refiero aquí a esos entes que se mueven solitarios por la autopista y las calles de la ciudad. Evidentemente existen muchas respuestas para ese cuestionamiento, y eso sin inmiscuir a la industria de los hidrocarburos o a las mismas armadoras de autos; es más, omitiendo totalmente el tema de la contaminación o el calentamiento global, que en 1969 (cuando fue escrito el pequeño texto), estaban fuera de todo contexto.

El mito-automóvil existe porque es uno de los valores de la sociedad capitalista más arraigados; los individuos trabajan para obtener uno de estos bienes preciados, para mantenerlo y después para poder remplazarlo. Tienen nombres mitológicos que nos recuerdan un pasado remoto y aventurero. Algunos remiten a nombres de nubes (Cirrus, Stratus), otros hacen uso de barbarismos ("Focus", fuego), una marca entera nos hace hincapié en un pasado socialista (Volkswagen), y otros simplemente tienen nombres fonéticamente atractivos.

La cuestión quizá no sólo radica en la practicidad y la comodidad; también está el asunto del control, del status, de la soberanía que se adquiere al estar detrás del volante. La persona-automóvil adquiere una confianza inusitada cuando tiene el control en sus manos, cuando puede trasladarse a donde le plazca, cuando acciona la bocina en el momento en que no le conceden el paso.

El automóvil nos vuelve anónimos, nos da la capacidad de acceder a un mundo acético y aislado, ajeno a los conflictos del mundo exterior. Ese espacio nos protege de las agresiones de la intemperie, del frío, de la lluvia, de la posibilidad de resultar afectados por las inclemencias del tiempo.

Volver a ser peatones-individuos-personas ya no es una opción. Si queremos reemplazar a la persona-mito-objeto-automóvil, habría que plantearnos primero la posibilidad de cambiar toda nuestra relación con el entorno y con el resto de los individuos.

El día en que las calles sean La autopista del sur y los automóviles, incapaces de moverse, se conviertan en habitaciones; y las personas, incapaces de ignorar al otro, vuelvan a interactuar con el resto de las personas, quizá ese día haya la posibilidad de modificar el panorama actual que gira entorno al automóvil.

Por ahora, ¿cómo reconciliarse con los autos? Dejemos que Cortázar nos dé la respuesta:
¿Me reconciliaré alguna vez con los autos? Tal vez, pero para ellos tendrían que ser muy diferentes de lo que son, y cuando hablo de autos hablo sobre todo de sus dueños y conductores. Los aceptaría si la ciudad estuviera llena de formas insólitas y coloreadas, de pinturas y dibujos en movimiento, de burbujas o de paralelepípedos que prismaran las luces al moverse, de una individualidad que cada vez falta más en nuestra civilización; los aceptaría si sus conductores, tantas veces solos en el volante mientras la gente sale de sus trabajos y busca ansiosamente un autobús ya lleno o ausente, invitaran a aquellos que coincidieran con su itinerario, los acercaran a sus casas y charlaran un poco con ellos. Ya sé que es mucho pedir, y que casi siempre el que se compra un autor no lo hace para acercarse sino para separarse, para reinar como un pequeño déspota dentro de su triste escarabajo reluciente. De manera que hasta nueva orden sigo andando a pie o tomando el metro; siento la brisa en la cara y el suelo bajo mis zapatos, me rozo con la gente y cuando puedo hablo con ella. Retrógrado, sin duda, pero mucho más feliz.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhqI9suHc3aP4_Yy5_I13y8D4l-4WTbdAvIpVhj1pDNRX5WnY4jWQPggSLZdI4X39H7Mapo78RNTD-MLrdnb10GcHVJI8__KqnD1-v2aYqr7lXvVxhuAa6bLBWuPRBtUKe2SCL_/s400/peaton.gif 
[Las citas fueron tomadas del texto Monólogo del peatón, de Julio Cortázar, compilado en Papeles Inesperados (2009)]

miércoles, septiembre 17, 2008

Un día... se reivindicó a José Juan Tablada


No suelo dar reseñas en este espacio, pero esta vez tengo la necesidad y el ímpetu de hacerlo.

Hace tiempo me hice aficionado de la poesía de Tablada, y no sólo de su poesía como tal, sino del hecho poco conocido de que fue uno de los poetas mexicanos que logró asimilar los movimientos rupturistas en el arte, así como una revaloración de la poesía mexicana, la cual estaba encabezada en aquellos momentos por el movimiento modernista de Amado Nervo y Ramón López Velarde; con lo cual no sólo fue amedrentado por la posición oficial, sino que tuvo que ver cobijado (y publicado) su trabajo fuera de las fronteras maternas.

Este año (2008), 88 años después de que fue publicada en Venezuela la primera (y única) edición de Un día... poemas sintéticos de José Juan Tablada, una edición facsimilar sale a la venta en las librerías del país; con lo cual se reivindica a uno de los poetas más soslayados de la literatura en México.

De acuerdo con Rodolfo Mata, quien hace el prólogo a esta nueva primera edición:
Cuando el poeta mexicano José Juan Tablada publicó su primer libro de haikús, Un día... Poemas sintéticos, en septiembre de 1919, este género de origen japonés era prácticamente desconocido en el medio literario hispanoamericano. Como era de esperarse, el libro, que salió de la imprenta Bolívar, en Caracas, Venezuela, con un pequeño tiraje de doscientos ejemplares, no fue bien recibido del todo. ¿Podían aquellas escasas tres líneas formar un poema? ¿Podía una sola imagen alcanzar la temperatura lírica a la que estaban acostumbrados los artífices del modernismo musical y ornamental? Además, el subtítulo del libro remitía a las nuevas corrientes de vanguardia, de la que Tablada estaba al tanto y en las que gradualmente había ido profundizando.
Seguramente Edgar Varèse (el compositor) recibió con mucho más candor esta obra que todo los hombres de letras en México, siendo que compuso una Cantata (Offrandes) en homenaje a Tablada (con la Croix du Sud) y a Vicente Huidobro (con Chanson de la-haut), quizá por la conocida amistad que el poeta mexicano tenía con el compositor de origen francés, tal es así que Tablada fue quien presentó a Varèse con Carlos Chávez, con el cual realizó diversos intercambios musicales.

[Play para escuchar La Croix du Sud (Tablada), de Varèse interpretada
por Pierre Boulez y el Ensemble Intercontemporaine]

Si desean leer este libro, el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM ha ido recopilando toda la obra de este poeta en la dirección: http://www.tablada.unam.mx/. En esta página han ido digitalizado la mayoría de los libros de Tablada, incluyendo Un día... Poemas sintéticos, el cual se encuentra en forma íntegra y con las ilustraciones en una calidad bastante aceptable.

Sin embargo, les recomiendo adquirir la edición facsimilar de la editorial Ábside Poesía de CONACULTA, la cual posee una impresión muy similar al de la edición de 1919 (o eso quiero creer), a un precio bastante accesible (a mí me costo $99.00, pamba al que lo encuentre más barato).

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Hace tiempo escribí un pequeño poema como homenaje a Tablada.


A José Juan Tablada

ser como tú, en el aire
o en el mar tranquilo

la luna de tu semblante
en tu frente perdida

los cabellos que rondan
en el azul menguante

cielo cae arrogante
de rodillas al suelo

la silueta talante
en el silencio difunto

desde las horas frías
hasta el sendero oculto
desde el tablado verso
hasta la piel sin carne
—sólo de hueso muerto—