miércoles, diciembre 21, 2005

Crónica de un insomnio

Soy un ser nocturno
taciturno
y desolado
pero sobre todo
desconsolado

me tomo tres tazas de amargura
la oscura humareda
penetra hasta el ocaso

líquido amniótico
sepulcro de saciedades

me levanta un espasmo
el líquido tuvo efecto
el insomnio catártico
letárgico creador

me tiemblan los huesos
de frío o de terror
por el olvido frenético
las palabras zumban en mi oído
las palabras como cascadas
como la baba en mi almohada

delirante sigo latente
el líquido me conduce a la salida
ya no puedo ordenar mi vida
pero podré regocijar con mi partida

silencio, pido un silencio
una palabra profetiza
y no escucho su arremetida
sólo tu voz cauta y soleada
que susurra a gritos
y ufana deseos descomprimidos
por mi pasión que te socorre

a las dos de la mañana
quién puede negar tantas hazañas
quién podría no arremeter contra
esta dicha

tres tazas de fría amargura
curan tu estancia que aún no es partida
cuando lo sea, ese día
podré llorar

y tres tazas de amargura
que circulan mis veredas
que no cansan / sí envenenan
que comprimen el día a silencios
a soledad sin amuletos
que me corroen o aprisionan
sin latidos afligidos
sin terruños prometidos

la idea vasta disminuye
la noche se desvanece
y el tibio día se sitúa
entre el cansancio y el desahucio

hace días que me embriago
en tus querellas
hace días que no naufrago
en tus pasiones
hace días enteros que vacilo
entre las sábanas
hace días que no amanezco

continúa el crepúsculo

con tres tazas de amargura
rebajadas con azúcar
y un chorrito de clavel

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